Ferrer es jugador de largo aliento
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Fueron cuatro horas y 46 minutos de tremenda batalla, que acabaron con Del Potro fundido y Ferrer convertido en un gigante. Ferrer nunca habrá ganado un gran torneo; tampoco, ninguno de los puntos ganadores de la Davis -tal honor corresponde a Ferrero, a Moyá, a Verdasco y a la pareja López-Verdasco-, pero es uno de nuestros héroes. Por lo pronto es el jugador con mayor porcentaje de victorias -80,9% por 80,7% de Nadal-; también, el jugador de las grandes heroicidades que encarrila la Davis. Hace dos años, en la final ante la República Checa, remontó dos sets a cero ante Stepanek; ayer, con dos sets a uno en contra, volvió a dar la vuelta al partido. Su derrota hubiera puesto muy cuesta arriba la final.
Ahora, como hace dos años, todo se vuelve a mirar de otra manera. La Davis es una competición muy peculiar, donde los estados de ánimo tienen gran influencia. Ferrer los superó y todos pudimos respirar tranquilos. Pero hubo momentos muy delicados. A Ferrer se le veía atribulado, Costa estaba circunspecto y el rostro de Nadal no presagiaba nada bueno; en las gradas, la afición argentina botaba. Mas Ferrer demostró ser jugador inquebrantable y de largo aliento. ¡Gran Ferrer! Había que aguantar y aguantó. Del Potro sería el mejor a tres sets, pero habría que ver quién lo era a cinco. A Del Potro sólo le faltó sacar la bandera blanca. La Davis está servida. Hoy sólo la puede ganar un equipo: España. Gracias a Ferrer. Y a Nadal.




