El sistema de la intensidad
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Analizando este verano los fichajes del Sevilla -un remate de lo anticipado por necesidad en enero pasado- el debate del sistema afloraba obligatoriamente. ¿Debía el Sevilla seguir encasillado en el clásico 4-4-2 o era aconsejable moldear su dibujo hacia el 4-3-3? Marcelino era claro hasta el domingo pasado: bandas y dos puntas. El peor inicio desde el último año de Juande Ramos, la recuperación de una debilidad extrema como equipo y seguramente la presión popular (?) parece haber inclinado la balanza hacia el cambio, sea 4-3-3 o 4-1-4-1. Eso y que el Sevilla dio muestras en La Romareda de funcionamiento colectivo. Como ya hiciera por ejemplo en el Camp Nou y ante el Valencia. El camino a seguir está claro. Y el camino equivocado también.
Ayer Marcelino acertó en los cambios. Fazio mejoró a Escudé y Negredo se crece con este dibujo. Jugadores como Manu, Trochowski y Medel -¿Dónde está Perotti?-también agradecen la variante táctica. Pero Marcelino tiene una asignatura pendiente con los cambios durante los partidos. No cambia el rumbo de los acontecimientos y a veces tarda en exceso. A pesar del triunfo el Sevilla necesita muchísimas cosas más para volver a la Champions. Este resultado no debería actuar de venda para preparar la visita del Getafe. Quizás estemos hablando por hablar y la razón la tenga Kanouté: "La clave no está en la pizarra sino en las intensidad de los jugadores". El fútbol, al fin y al cabo, es de los futbolistas. Pero de los futbolistas con hambre e intensidad.




