Fe atlética en el microscopio
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El seguidor rojiblanco está inquieto y desorientado en las horas previas al derbi. Es verdad que el miedo es libre y cada uno coge el que quiere, pero también que la victoria mañana del Atlético se paga en las apuestas de media quince a uno. Los habrá que a esa hora prefieran meterse en un cine o se sienten con su mujer en el sofá para ver Cine de Barrio. Ayer Enrique Cerezo, en SER Deportivos, poco antes de explicar cómo fueron los inicios del porno en el mundo cinematográfico, le dijo a un imitador de Gregorio Manzano: "Míster, tú tranquilo, que aquí no pasa nada y si pasa no importa". Toda una declaración de estatutos e intenciones de la reciente historia del Atlético.
El aficionado rojiblanco busca el rincón de la confianza, una esquina pequeña donde acurrucarse, pero se agacha y no cabe. La fe descansa en muy pocas cosas y muy ligeras. En el tópico de que los derbis son partidos raros y diferentes, en que el miedo puede agudizar la atención y la tensión y así el equipo quizás logre minimizar errores. En que ojalá el desaliento y el victimismo fueran voluntarios, buscados para priorizar la sorpresa del zarpazo o hasta en la leyenda de que una vez uno entró al Pasaje del Terror y, de puro miedo, acabó agrediendo a la niña del exorcista. Los once que saltarán al campo saldrán al matadero solos, sin creyentes ni apostantes detrás. Hasta el entrenador quiere desnaturalizarlos cambiándoles el guión habitual. Y el hincha colchonero, si tiene que pasar un mal rato, otro más, lo pasará. Pero, Atleti, quien te raspó que te pinte.



