Un crédito por encima del fútbol

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La vida va y viene, nos da y nos quita. Es como un banquillo a la espera de dimisión. O de cese. La del entrenador, más aún que la del futbolista, es una vida errante, tan llena de rechazos que uno no acierta a saber de qué moral férrea están hechas las almas de estos hombres. Para bien, por fuertes, o para mal, por insensibles. No ocurre así con Pepe Mel. El hombre al que AS asaltó ayer en su despacho permanecía a años luz de la insensibilidad: le duele mucho que el Betis no gane y algo se le morirá en el corazón si las cosas no se enderezan y este club que llevará dentro para siempre decide prescindir de sus servicios.
Muchos que perdieron la fe le señalan por la calle y eso le fastidia más por bético que por técnico. Pero muchos otros siguen confiando en que las aguas vuelvan a su cauce, que Pepe complete los tres años de contrato que le quedan, o mejor 30, casi como Ferguson. El fútbol tiene la misma memoria que Dory, aquel pez locuelo de Nemo. Por eso cualquier crédito, por merecido que sea, se esfuma en un segundo. Pero Mel se ganó un cariño de banquillo que en el Betis sólo había logrado, antes que él, Serra Ferrer. Su crédito puede marcharse, sí. Pero si eso ocurre, como al hijo pródigo, esperaremos a que vuelva con los brazos abiertos.



