Los que lo complican todo

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Suponga usted por un momento que es un asesor de lo que sea. Es decir, que es de esos que sus amigos de infancia no saben definir cómo se gana la vida . El caso es que, como asesor, usted debe intermediar en la firma de un contrato entre un trabajador que desea seguir en su puesto de trabajo y una empresa que está encantada con el rendimiento del asalariado. Obviando que lo más lógico sería que entre ambos se pusieran de acuerdo, por un motivo ignoto, recurren a usted como mediador. ¿Cuál debe ser su primera actuación? Obviamente, la respuesta correcta es: tratar de romper el acuerdo por todos los medios posibles para que así el trabajador que desea quedarse se vaya a otro sitio cobrando más, usted cobre una comisión y el club que desea fidelizar al empleado cobre una cantidad que invertirá en otro futbolista que seguramente no quiera irse de donde está y otro intermediario cobre una comisión.
Más o menos, este es el panorama con el que se encuentran día tras día jugadores y clubes que, como pasa ahora con Abidal y el Barça, están encantados de trabajar juntos, pero que cuando ven que el contrato está a punto de vencer, ceden sus poderes a unos señores que no conocen ni a su madre cuando se trata de redactar cláusulas y hacer complicado lo que era muy fácil antes de su aparición.



