Un extraño sistema de motivación
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Le he dado ya tantas vueltas al asunto, que no sé cómo planteármelo para llegar a entenderlo, quizá sea que no doy para más... Así que he intentado llevarlo al plano de lo cotidiano, por si de esa forma me resultaba más sencillo atisbar el sentido de tanto despropósito. El caso es el siguiente. Usted trabaja hasta tarde cada día sacando adelante su responsabilidad, la tarea le cunde y los resultados de su esfuerzos se reflejan en la buena marcha de la empresa, cada día más competitiva en su sector. Así que se levanta por las mañanas motivado, con ganas de seguir adelante, pero llega a la oficina y su jefe le llama a su despacho. Acude a la convocatoria confiado y animado, seguro que él también se habrá dado cuenta de lo mucho que ha hecho por ese proyecto.
Pues no, su gozo en un pozo. Sí, las cosas van bien, le dice su superior, pero han recibido el currículo de un joven recién salido de la facultad que parece muy prometedor, así que quizá se encargue él de sus asuntos, por si fuera posible obtener incluso una mayor rentabilidad. Pero mientras que eso ocurre, hay que continuar con la faena y no bajar la guardia, que la cosa está cruda... ¿Con qué animo volvería a su mesa? ¿Cómo continuaría con su trabajo? ¿Mantendría la motivación? Que cada uno elija sus respuestas, pero todo esto viene a cuento porque es, precisamente, lo que llevan soportando durante todo el año Buemi y Alguersuari como pilotos de la escudería Toro Rosso. Y, qué quieren que les diga, ni siquiera simplificando tanto puedo llegar a entenderlo...




