Sí, una crisis sin precedentes
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José Luis Sáez ha abierto una interesante sección para el debate: Los lunes del presidente. El éxito está garantizado. Sáez es un presidente polémico, no se calla y es capaz de ser crítico con su propio deporte. Hace muy bien. El baloncesto es lo que es, no lo que nos quieren hacer ver que es, y él lo advierte de manera argumentada en su artículo Una crisis de identidad sin precedentes. Lo lanza el mismo día que han temblado hasta los cimientos de la propia NBA. Los jugadores quieren seguir ganando dinero, pero los empresarios dicen que esto ha dejado de ser un negocio, que tendrán que ganar menos. Pues si falla la estructura de este negocio -diametralmente opuesta a la europea, ya advierte Sáez-, ojo con lo que puede pasar aquí.
Aquí estamos preparando la llegada de una nueva Euroliga bajo unas bases muy débiles. Se amplía el número de partidos con una segunda fase más larga, o sea, más intrascendente. En lugar de cuatro grupos de cuatro, dos de ocho. Para echar aún más agua al vino, los grandes equipos tendrán plaza fija, lo cual va en detrimento del interés en las ligas nacionales. Pero es la manera de convencer a los patrocinadores para que entren, lo cual pone de manifiesto el fracaso del modelo elegido por el baloncesto. En vez de ofrecer una Euroliga atractiva por la que se interese alguien, vendemos la esencia del baloncesto, de nuestro deporte en una palabra, por tres duros. Si ese es el precio, Sáez tiene razón: estamos ante una crisis de identidad sin precedentes.




