Un problema de credibilidad
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Sobre el deporte español recae una sospecha de dopaje que no nos logramos quitar de encima. Viene de los años 90, cuando L'Equipe escribió con toda la intención del mundo que de un burro no se podía hacer un caballo de carreras. Eran los años en que Indurain ganaba un Tour tras otro, que Fiz y Antón dominaban la maratón. Los nombres de Sabino Padilla y Eufemiano Fuentes aparecían detrás, en esos tiempos incluso públicamente. A raíz del caso Manzano, aquí comenzamos a tomar conciencia real del problema y hubo un programa de tolerancia cero. Pero fuera continuaron sin creernos. Las resoluciones de la Operación Puerto, de la Grial, de la Galgo, el mismo caso Contador, no nos ayudaron a mejorar nuestra credibilidad.
El problema es real. Si no lo admitimos, mal vamos. Más que nunca hemos de aplicarnos lo de la mujer del César. Por eso no es bueno que aquí cerremos filas incluso con quejas formales. La directora de la Agencia Lituana ha podido cometer una grave indiscreción, pero no ha mentido: se ha disculpado, no rectificado. Los valores anómalos siguen ahí. Por eso, mejor que dar carpetazo al asunto sería aclararlo hasta el final. Para la Federación no hay caso, porque nada le ha llegado, y si le llegase asegura tener papeles, mas como no es cuestión de hacer actos de fe en temas delicados, la Agencia Estatal Antidopaje bien podría intervenir. Pero como fue mal concebida y no ejerce de fiscal, tampoco nos va a ayudar a que fuera nos crean. Ese es el problema.




