Ya me gusta el Dakar en Sudamérica

Ya me gusta el Dakar en Sudamérica

Con el paso del tiempo, a medida que me voy haciendo mayor, tengo más claro que es un hábito saludable e inteligente confiar en los que saben de un asunto, en los profesionales que se ganan la vida ejerciendo una actividad sobre la que los demás nos creemos con el derecho de opinar (y sin duda lo tenemos). Yo fui bastante escéptico, más que crítico diría, con ese invento extraño de hacer un Dakar en Sudamérica. No le veía el sentido ni la gracia al asunto, incluso siendo consciente de que la carrera en África estaba condenada por la fragilidad socio-política de la zona. Sin embargo, ya se han disputado tres ediciones de la prueba por Argentina y Chile, momento en el que reconozco que mi percepción ha cambiado de forma significativa.

Decía lo del principio porque me precipité en mis valoraciones y dudé de la gente de la ASO cuando plantearon esa locura del Dakar sudamericano. Ellos son los auténticos expertos en la organización de este tipo de desafíos, tienen el saber hacer de décadas y su prioridad es la supervivencia de la prueba, por motivos obvios... Y lo cierto es que han conseguido que el Dakar del otro lado del Atlántico me resulte tan atractivo, y en algunos sentidos incluso más, que el africano y aportando un valor añadido que cada día me parece más importante: el de la seguridad. Dureza, parajes inhóspitos, desierto, dunas, grandes espacios, etapas maratonianas pero además las garantías propias de países más avanzados que los del continente negro. Ahora ya no echo de menos África y creo que la mayoría de los participantes tampoco. Lo único que siento es que los africanos sí que añoran, creo, lo mucho de bueno que la competición llevaba a sus vidas.