Ahora, hasta un patinador
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Un nuevo deporte llama a la puerta. Nuevo, porque de él no nos habíamos preocupado lo más mínimo, pero sin embargo es uno de los más antiguos. Se trata del patinaje artístico sobre hielo. Sabíamos de su existencia, que es muy plástico, muy bonito, que entre el público femenino da buenas audiencias en televisión, y poco más. España tampoco es un país donde los lagos se hielen como para que haya una cultura del patinaje. Tenemos unos pocos pabellones de hielo para hacer el tonto, y punto. Pero ahora resulta que hay un españolito de 20 años, nacido en Cuatro Vientos, popular barrio de Madrid, que está dando que hablar. En 2010 fue a los Juegos Olímpicos y algo se habló de él; un año después le ven madera de campeón.
En Canadá, que algo saben del patinaje, les ha llamado la atención. Aquí también, aunque deberíamos estar acostumbrados a ver cómo se las gastan nuestros deportistas. ¿A qué no hemos ganado? deberíamos preguntarnos. Javier Fernández, que es el personaje en cuestión, ha renunciado a cualquier vida que no sea el patinaje. Como en su día hicieron Alonso, Nadal, Gasol, Gemma Mengual, Indurain, etc. El trabajo y el talento los elevaron a la cima. El deportista español sólo necesita medios para ser tan bueno como el mejor. Y quien no los encuentra aquí, los busca fuera. Como ha hecho Javier Fernández. De momento, una de las mecas del patinaje le ha abierto sus puertas. ¿Cómo no se las vamos a abrir aquí?




