El Madrid ficha espectáculo
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El fichaje de Ibaka por el Madrid ha conmocionado el baloncesto. Desde que Ricardo González dio la exclusiva en AS, de la noticia hablan todos, entendidos y aficionados, lo cual es lo mejor que le podía pasar a la ACB, que se hable de su baloncesto. El madridismo, por su parte, está entusiasmado, como podrán comprobar leyendo a Tomás Roncero. No hay que poner ningún pero, por tanto, al fichaje de Ibaka aunque llegue en calidad de temporero. "Pero es que se va a ir dentro de dos meses", dicen los críticos. Pues que se vaya. Será un problema del Madrid y de los madridistas. Si nos metemos con lo que va a cobrar, algo más 100.000 euros al mes, se puede decir que resulta hasta barato. Papadopoulos percibía el doble y no aportaba nada.
Quedémonos con lo que tiene de bueno este fichaje. Ibaka trae ilusión, debate, expectación. Eso es el alma del deporte. Nuestra Liga de baloncesto estaba muerta y se ha venido arriba. Me alegro de este fichaje sobre todo por una razón: los jugadores han recuperado un protagonismo que les había sido arrebatado por los entrenadores con sus caprichosas rotaciones y decisiones. Son los jugadores y nada más que ellos quienes hacen hablar en la calle de baloncesto, quienes llenan los pabellones, quienes generan pasiones y despiertan emociones. Con Rudy -perdón, Fernández en la ACB- el Madrid ha aumentado los abonos; con Ibaka, el interés por ver sus partidos se ha multiplicado. Si el baloncesto es espectáculo, el Madrid lo ha encontrado.




