Por el momento, que se quede
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No fue bienvenido su fichaje y ya se clama por su marcha. Ahora también se apunta algún desesperado reciente. Gregorio Manzano no tiene a su favor la mercadotecnia pese al diseño de sus gafas o al bronceado que luce todavía bajo el frío recién llegado. No deja de ser un profesor cercano, condescendiente, y cuando no llegan los resultados la masa prefiere el populismo fácil de entrenadores efectistas, gesticulantes, que publiciten su mano dura. El Atlético de Madrid ya está en su salsa habitual, la de la queja y el sinsabor y la respuesta refleja no cambia. Desde el doblete de Antic las dos mejores temporadas en Liga han sido el año y medio de Javier Aguirre y los meses iniciales de Abel en el banquillo (cuarto puesto final) y en ese tiempo, a estas alturas de temporada, el Atlético estaba más o menos como ahora. Hoy más dueños del balón que nunca y tirando a puerta también más (y seguramente peor) que todos estos años. Seguimos haciendo cola por un plato de comida en Beneficencia pero mucho mejor vestidos.
Rotar rotan todos. Si lo que ve no le gusta, lo normal es que cambie y pruebe. El análisis de la plantilla actual ha sido generoso por hacerse pieza a pieza, sin pensar si tenemos tres torres, varios reyes sin reina y un solo peón. El Atlético toca porque esa es una virtud común a laterales titulares y centrocampistas pero no llega con peligro porque ni tiene velocidad ni desborde. No mete goles porque gol tiene poco y todo concentrado en un solo jugador. En este club donde toda situación es manifiestamente empeorable, lo razonable, transcurrida una quinta parte de la temporada, es pedir que Manzano se quede. De momento, a ver qué pasa.



