Rivalidad de una sola dirección

Al Zaragoza nunca se le ha querido en Pamplona. Ni en 1932 ni 79 años después. E invito a los más escépticos o a los más condescendientes a que pierdan un par de mañanas en cualquier hemeroteca repasando partido a partido, y comprobando de primera mano los testimonios de los protagonistas. Hubo periodos, incluso, en que se censuraron gubernativamente los relatos de graves incidentes en San Juan, aunque resultó imposible camuflar la realidad. Es verdad que la historia recoge años de cierta paz, forzada, eso sí, por las directivas de ambos clubes y también por las autoridades del momento, como fue la inauguración de La Romareda, pero el problema ha existido siempre. Siempre y en una única dirección. Sencillamente porque en el fútbol no se puede rivalizar, a no ser que se sea de la misma ciudad o de la misma región, que no es el caso, con alguien que jamás te ha discutido un título, te ha hecho descender o te ha quitado un solo jugador.



