Yo Digo Raúl Romojaro

La cara más amarga del deporte

Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Noticias relacionadas

Había empezado yo el domingo disgustado. Ni Terol se marchaba de Sepang como campeón del mundo de 125cc, ni Márquez había podido defender sus opciones al título de Moto2. Ignorante de mí. ¿A quién le importa eso? De bruces me topé con la cruda realidad sólo unos minutos después. Una vida joven, la de un chaval de 24 años, quedaba sesgada en un instante, sin casi darnos cuenta, como un suspiro que se escapa... La tragedia comenzó a planear sobre el circuito de Sepang incluso mucho antes de que el triste desenlace se conociera de forma oficial. El accidente fue terrible, brutal, difícil pensar que el milagro fuera posible... Marco Simoncelli no pudo superar lo que no dejó de ser un desgraciado atropello, en un intento desesperado por salvar una caída que, paradójicamente, le dejó en suerte de un destino fatal.

Sabemos que estos riegos son inherentes a la competición del motor, pero siempre nos resistimos a admitir que puedan llegar a consumarse. Lamentablemente, es así. Ocurre desde que las carreras existen y seguirá sucediendo, no nos engañemos. Los riesgos se minimizan en todo lo posible, los esfuerzos en seguridad son ingentes, se ha avanzado un mundo al respecto... pero incidentes como el que ayer le costó la vida a Simoncelli no son previsibles ni evitables. Los pilotos lo saben y lo asumen, es una decisión personal que engrandece la épica de este deporte y de sus deportistas, que desafían al peligro, a la muerte, por una pasión que, además, les hace felices y da sentido a sus vidas. Hoy no hay consuelo, nada tiene sentido... Pero si Marco siguiera vivo, dentro de dos semanas estaría subido de nuevo en su moto en Valencia. Descanse en paz.

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados