Del ámbar al verde esperanza

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El Espanyol estrenó ayer su tercera camiseta, amarilla como el ámbar que señalaba el semáforo de sus constantes vitales. Venía de derrotar al Rayo después de nueve meses sin ganar a domicilio, así que se trataba del partido de la confirmación o del regreso a la anodina rutina de siempre. Y no pudo salir mejor: del ámbar pasaron al verde. Al verde esperanza y al verde de vía libre para creer en un equipo que supera estaciones en su viaje iniciático. Que comenzó ya siendo verde, por juventud e inexperiencia, y que empieza a hacerse mayor.
Por ahora, una vez aparcado el debate sobre la conveniencia de fichar un nueve en invierno, lo grande de este Espanyol es la alta rentabilidad de sus goles. Un valor fijo que hasta Moody's debería apreciar. Con siete tantos, ha sumado 12 puntos. No en vano, ese promedio dice mucho del tipo de juego que despliega el conjunto de Pochettino, sobre todo en los últimos partidos. Ante todo, muestra una solidez defensiva capital para un equipo que necesita ganar sin gozar de una pegada fuera de lo común. En Santander, como en Vallecas, la zaga y Forlín exhibieron esa sobriedad que arriba convierten en magia, cada vez que se asocian, Verdú y Sergio. El complemento perfecto a tanta juventud.



