yo digo Raúl Romojaro

El riesgo es inherente a las carreras

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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La muerte de Dan Wheldon ha conmocionado, lógicamente, al mundo del deporte del motor. Y como cada vez que se produce una tragedia tan lamentable como ésta, ha provocado el debate sobre el sentido de una competición en la que puede llegar a pagarse un precio tan elevado como la vida, incluyendo la conveniencia en avanzar en la seguridad de vehículos y circuitos. Es evidente que se ha ganado mucho en este último sentido, pero lo que nunca debemos, ni me temo que podremos, es olvidar que el riesgo es algo inherente a las carreras. Y diría también que parte de su grandeza. Para ser piloto de éxito hay que tener una buena forma física, habilidad, talento, constancia, conocimientos técnicos... y también mucho valor, porque el accidente ronda siempre que hablamos de un coche o una moto lanzado a toda velocidad e intentado rebasar los límites de la lógica, casi de la física diría.

Desgracias como la del pasado domingo en Las Vegas vienen a recordarnos esta cruda realidad, por mucho que nos pese. Los esfuerzos por hacer competiciones más seguras son ingentes y así debe ser sin discusión, pero la garantía total de protección a los pilotos ni existe ni existirá jamás porque se trata de una utopía. De hecho, estamos acostumbrados a asistir a accidentes pavorosos que se saldan con daños menores, cuando lo lógico en otros casos sería hablar de consecuencias terribles. No se pueden buscar responsabilidades o explicaciones y los primeros en asumirlo son los pilotos, plenamente conscientes de a lo que se exponen. Por eso es un deporte de héroes, de valientes, de unos cuantos elegidos que retan a la muerte persiguiendo un sueño.

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