Sin fe no existe el paraíso

Sin fe no existe el paraíso

Sin fe es imposible escribir historias. Ni buenas ni malas, ni de fútbol florido a pecho descubierto ni de autobús y a ver qué sale. De parte bética sólo se atisbó convicción en Vadillo, pero su lesión se llevó por delante todo el desparpajo verdiblanco. Sólo se vio agresividad en Iriney. Uno o dos más futbolistas como el brasileño necesitaría el equipo de Mel para salir airoso de escenarios como el que engulló a Beñat, Salva, Molina y el resto de debutantes en Primera. A este Betis le falta barba de tres días, mala leche. Parece un amigo, incapaz de asustar siquiera a un Madrid que, tal vez enfermo de Virus FIFA, jugó la primera parte al ralentí y apretó nada más volver del vestuario, cuando Mou seguramente pidió fundadas explicaciones. Quién mejor que el portugués para darse cuenta de lo asustado que vivía el rival.

Salir goleado del Bernabéu entraba en las cábalas del bético más optimista, lo comprende sin enfado cualquier aficionado que, al menos a día de hoy, no profese los colores del Barça. Cristiano, Higuaín, un Kaká bailongo bastan para tumbar al más guapo. Lo inaceptable es aparecer por allí con el alma entre los pies, como queriendo cruzar un campo de minas sin más armamento que una sonrisa y un ramo de flores. Sin fe. Y convicción, precisamente, es lo que parecía destilar Mel en la larga previa de este partido. No fue tu día, Pepe: o no te explicaste bien o no supieron entenderte tus jugadores.