Paso atrás contra el dopaje
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La lucha antidopaje no nos puede enviar mensajes contradictorios. El último nos ha llegado con la anulación de la regla Osaka por la cual los deportistas que hubieran sido sancionados en el último periodo olímpico no podrían competir en los Juegos aunque ya hubieran cumplido la sanción. El Comité Olímpico Internacional (COI) no debería permitirse estos deslices, porque cuando un tribunal se pronuncia a favor de quienes en su día hicieron trampas, pone en duda la credibilidad de la lucha contra el dopaje. Y el tribunal, en este caso el de Arbitraje Deportivo, tiene toda la razón. A nadie se le puede castigar dos veces por un mismo hecho, y no poder competir en los Juegos una vez cumplida la sanción es sencillamente una nueva sanción.
En el COI hay presidentes de empresas, príncipes, ministros, juristas, abogados, gentes listísimas y preparadas para tomar decisiones justas y acertadas. Pues nadie ha sido capaz de ver que la regla Osaka era un exceso. Una cosa es la tolerancia cero y otra, dictar sentencias arbitrariamente. Se crea una Agencia Mundial Antidopaje financiada por los Gobiernos para que haya una autoridad única en la lucha contra el dopaje, y tampoco es capaz de advertir al COI que ninguna ley contempla la posibilidad de impedir a un deportista competir una vez cumplida su sanción. Sobre el dopaje no debe haber debate, sino contundencia. Pero si no se tiene razón, toda esa contundencia se viene abajo; más de uno estará todavía hoy riéndose.




