Valdés señala el camino

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De acuerdo que la cosa estaba sensible porque el sábado se había roto Fàbregas en la última sesión preparatoria, pero cuando el domingo pasado al acabar la primera parte en el estadio de El Molinón, en Gijón, Víctor Valdés se echó la mano a los adductores con cara de dolor, la culerada se agitó. Víctor es de esos a los que no se les permite ni un resfriado. Y no porque su suplente sea dudoso, al contrario, a Pinto nada hay que reprocharle, pero es que Valdés es determinante. A nivel de Messi o de Xavi. Es decir, que por muy bueno que sea su sustituto, nunca podrá estar a la altura del único portero de mundo que ha insinuado un debate en torno a Iker Casillas en España, que no es poco. Hace cuatro años, Valdés era invisible pasado el Ebro, allá donde se acaban los peajes.
Está claro que Valdés es y será el titular. Y también, que Pinto cumple a la perfección su papel. En el campo, en el vestuario y cuando hay bulla. Pero tiene 35 años y se debe ir buscando un relevo. Olvidado ha quedado el debate de si era necesario un segundo portero que exigiera a Valdés. A éste, lo que hay que hacer es frenarle, porque nadie se exige más que él. Por tanto, el que llegue (cuando toque) como su suplente deberá de ser un discípulo. No se puede dejar escapar un capital como el de Víctor. Es el portero que tiene que marcar el camino. No sé si el que le retire está en casa o vendrá de fuera, lo que está claro, es que debería de ser lo más parecido a Valdés que sea posible.



