Ganas ante efectividad

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El Espanyol perdió goleado en su mejor partido de esta temporada. Parece un contrasentido, pero se trata de una firme realidad. Pochettino lo presagió: el Real Madrid fue un Ferrari, y lo demostró en sus letales arranques al contraataque. Los pericos, por su parte, pusieron toda la intensidad, el ritmo constante pero insuficiente para atrapar a un Fórmula 1. También había apelado el técnico perico al orgullo como argumento para ganar. Cayeron, sí, pero el orgullo fue mayúsculo.
Sin embargo, el mayor mérito de Pochettino no fueron sus dotes de vidente, sino la disposición. Cuestionado últimamente por alguna alineación errática, por cambios que no se acababan de entender, acertó con Romaric como enganche, de sorprendente rendimiento, y por un planteamiento tan valiente como arriesgado, pero ante todo meritorio. El castigo fue exacerbado. Así que si el Espanyol destierra el marcador y se mimetiza en su juego de ayer, tiene cualquier objetivo al alcance.



