Aún no hay límites en la maratón
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Concedemos el Príncipe de Asturias a Gebrselassie, méritos humanos aparte, porque es un maratoniano cuyas marcas parecían inalcanzables (sacaba medio minuto al segundo mejor maratoniano que haya habido jamás) cuando va un keniano y fulmina su récord. Recalco lo de keniano, porque no es baladí. El propio Makau reveló que en Kenia había gente descorchando botellas por haber arrebatado el récord a un atleta etíope. La rivalidad en las carreras de fondo entre ambos países es tremenda. Kenia tiene muchos atletas muy buenos; Etiopía, menos, pero el que sale es buenísimo. Gebrselassie es el mayor exponente. Se ha quedado sin récord y ahora, con 38 años, se le acaban las oportunidades para volver a conquistarlo.
Las 2:03:38 horas de Makau dejan atrás una frontera, la de las 2:04, que sólo Gebrselassie había roto, y por sólo un segundo. Eso supone correr a 2:56 minutos el kilómetro. Una barbaridad. Para saber lo que es eso, más de 40 millones de españoles no seríamos capaces de correr un solo kilómetro en ese tiempo. Y lo mismo me quedo corto. En maratón, todo lo que sea correr a más de 3:00 minutos el kilómetro apenas tiene valor. Julio Rey estableció el récord de España (2:06:52) corriendo a ese ritmo y su marca figura en el puesto 121º de la clasificación mundial. Pues ahora vamos hacia las 2:03 horas, límite hace diez años impensable, mas la irrupción en masa de los atletas africanos lo ha hecho posible. En maratón las gestas aún son efímeras. Véase Gebrselassie.




