Éste sí es el Cúper que se esperaba

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En plena Ley Concursal, sin la posibilidad de haber mantenido a Giovani o Rosenberg y sin poder comprar calidad, no esperen más lujos en el Racing. El tiqui-taca cuesta lo que no hay ahora en El Sardinero. De ahí que la tarea de Cúper al llegar se centrara en armar con su casta a un equipo cogido con alfileres y, a partir de ahí, morder para sobrevivir. Sin embargo, hasta esta cita con el Madrid no había sido capaz de inculcar ni una página de su librillo. Se tomó la pretemporada, como hace el resto, para tonificar en vez de buscar un once. Y ha tardado varias semanas en conocer a algunos boinas verdes. Con la debacle del Calderón se tocó fondo. Pero ayer, por fin, actuó como se espera de él. Éste Racing sí es de su cosecha. Así, contagia el orgullo. Ordenó la presión en una zona ideal, arropó el centro del campo con mil coberturas, metió la velocidad que faltaba en las bandas y cambió de piezas como nunca. Sin la plaga de bajas que asola a la plantilla su plan hubiera brillado. Además, tomó decisiones valientes. Dejó en el banquillo a cuatro jugadores, con justicia y sin temblar, por la imagen ante el Atlético: Osmar, Cisma, Luque y Adrián. Fue atrevido al alinear a cinco que debutaban como titulares: Bernardo, Christian, Jairo, Serrano y Ariel. Y tuvo la inteligencia para no forzar a Munitis, que quería jugar y ni siquiera se infiltró para demostrar que estaba sano.
La charla del argentino en el hotel fue contundente: "Sin intensidad no somos nadie. Ahora toca levantarse". Como enseñó el gran Bisonte, añado yo. Dicho y hecho. El Racing resucitó. Sólo lleva dos puntos de doce, vale. Pero ayer encontró el único camino transitable hacia la permanencia. Que tiene muchísimo más valor.



