Un proyecto que desafía a la realidad
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En su empeño por neutralizar el efecto Messi, el Real Madrid se ha propuesto contratar al Messi del futuro. Ese es el papel que se concede a Neymar, talento brasileño de 19 años. El muchacho apunta a gran figura y su explosión intergaláctica se calcula para el Mundial de Brasil 2014, cuando habrá cumplido 22 años. En ese punto coinciden las expectativas deportivas con las del influyente departamento de márketing. En el más grandioso espectáculo futbolístico y en el país más futbolero de cuantos existen, la estrella de Brasil será la estrella del Real Madrid.
La teoría es irreprochable, pero el presente resulta más accidentado. El hecho es que Neymar no genera la expectación que merecería un plan tan audaz. Ni siquiera el culebrón de su fichaje ha abierto el apetito. Al contrario. Más que de Neymar el deseado se habla de Neymar el cansino. Y si el entorno no le beneficia, la realidad tampoco le ayuda. Cuesta imaginar su encaje en el Madrid de Cristiano, pues ambos juegan a lo mismo y sólo hay un balón. Por no hablar de la adaptación de un carácter tan festivo a un técnico tan marcial. Neymar, además, no es ni un atleta ni un siete pulmones. Tampoco un jugador que madure en el banquillo. Dicho lo cual, que venga y se acomode. El talento nunca sobra y la alegría escasea.



