El camelo de las rotaciones
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No lo digo yo, que también, lo dijo Corbalán, quien algo sabe de esto, la pasada semana en Marca. Y viene a cuento recordarlo tras ver el partido de ayer ante un rival durísimo, que no cedió hasta el final del tercer cuarto, cuando Navarro enchufó 11 puntos seguidos en 2:38 minutos. ¿Y quién fue ese rival tan duro que obligó a Gasol y Navarro a meter la friolera de 57 puntos para ganar? Pues un país con veinte años de antigüedad, con una extensión como la de la Comunidad Valenciana y con una población aproximada a la del País Vasco (2,1 millones), un país de nombre Macedonia cuya selección es calificada unánimemente como la revelación del campeonato, que nos obligó a jugar de verdad y que todavía es justo candidato a la medalla.
¿Y qué ha hecho Macedonia? Tener un seleccionador, Dokuzovski, con sentido común. Como sólo tiene tres buenos jugadores, McCalebb, Ilievski y Antic, no les rota porque sí, sino cuando es obligado dar un descanso a alguno; ayer, sólo McCalebb, que se pasa el tiempo corriendo de canasta a canasta. Ilievski y Antic no necesitaron parar. Jugaron los 40 minutos, como otras veces. Ya descansan cuando el partido se detiene, que ayer en el último cuarto fueron 10:24 minutos. Dokuzovski está dejando en evidencia a muchos entrenadores. ¿Dos jugadores de garantías por puesto? ¿Para que el mejor de ellos rote con el peor? A la hora de la verdad, los mejores siempre tienen que jugar. Ayer mismo, Navarro, 36 minutos. La farsa ha quedado al descubierto.




