España sí que respeta su escudo

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Podemos hablar del infinito poder de seducción de nuestras twin towers made in Spain (Gasol & Gasol). Podemos recitar versos sobre la muñeca de seda de Navarro y su bomba diabólica. Podemos escuchar de fondo la música rompe-tímpanos de AC-DC mientras que Rudy Fernández dibuja sus vuelos sin motor para plasmar mates de póster. Podemos hablar de los bemoles cordobeses de Felipe Reyes, de los músculos de ébano de Ibaka, de las travesuras animadas de ayer y hoy de Sergio Llull o de la sabiduría del profesor Calderón. El mejor equipo de Europa da para sacar pecho sin miedo a que nos lo partan. Pero hoy no me apetece quedarme con lo fácil. Qué buenos somos, qué altos, que talentosos, qué jugones, qué favoritos... Todo eso es secundario para mí.
De lo que estoy orgulloso es de pertenecer a una selección honesta y creíble. Tengo amigos franceses que siguen sonrojados por el bochornoso espectáculo que dieron sus paisanos el domingo en Vilna. Jugar a perder para buscar un cruce feliz merece la guillotina deportiva para nuestros vecinos del norte. Decir que Parker estaba cansado (sus vergonzosos bostezos debían estar pactados con su entrenador) o que Noah arrastraba problemas físicos no cuela. Ojalá que este jueves los griegos les pasen por encima. Un cruce a la carta no justifica el patético camino elegido. Que aprendan de España, que ha tenido el valor de jugar a ganar sin mirar el cuadro. Mañana llegará Eslovenia, se le elimina y punto. Así se ganará el Europeo. Una España con honor y grandeza.



