Al gusto del cocinero Agapito

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A Agapito y a Aguirre les gusta este Zaragoza. O al menos en público lo califican de completo y compensado, dos términos socorridos y a los que se puede retorcer a conveniencia. El mexicano está casi obligado a hacerlo, por su cargo y también por ese bienquedismo que le caracteriza; el soriano, ajeno a cualquier propósito de enmienda, está encantado con su juguete y va directamente a lo suyo. El tiempo y los partidos dirán si este Zaragoza es peor o mejor que el de la pasada temporada, pero lo primero que hay que anunciar alto y claro es que Agapito ha sido el gran cocinero de este nuevo proyecto. Es a lo que aspiró casi desde el primer día y ahora ya lo hace sin ningún rubor. Le ha dado un par de concesiones a Aguirre, especialmente la de Juárez, pero lo sustancial se lo ha cocinado a su gusto, con la colaboración singular del todopoderoso Mendes y la prescripción con cuentagotas del director deportivo Prieto.
Hacer un equipo nuevo en pleno concurso de acreedores y con todo el fútbol español en contra, por aquello de no haber pagado a nadie y de haber acumulado tanto cadáver en el armario, no es, precisamente, un empresa sencilla, pero tampoco conviene olvidar que Agapito se ha equivocado con dinero y sin él, y ha sido incapaz de levantar nada firme. Lo terrible es que pasan los años y el equipo tiene el mismo diseño insoportable que le aleja de lo que siempre fue: un conjunto bonito y con marcadas virtudes ofensivas. Han llegado 12 fichajes, pero al Zaragoza le sigue faltando muchísimo fútbol en el medio, un central rápido y un goleador. Casi nada. Toda la columna vertebral. Será un equipo completo y compensado, pero, si se me permite, yo observo un bloque donde muchos corren, pero poquísimos piensan y pueden marcar goles. Por eso el zaragocismo sigue temblando.



