Forlán, el gol de los inmortales

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En el mismo momento que Forlán se enteró de que el gran sueño y la gran obsesión de Gil Marín era traer a Falcao, supo que su aventura en el Atlético había acabado. En el fondo, los dirigentes no le perdonaron al uruguayo ni a Quique sus encontronazos el año pasado. Forlán, con la llegada de Manzano, sí pensó que podría seguir en la entidad. Pero poco a poco se dio cuenta, y sus allegados le fueron diciendo, que en el nuevo proyecto tendría difícil encaje. Además, el jugador se sintió solo, pues sus más allegados en el vestuario, los Ujfalusi o Simao, por ejemplo, ya no estaban en el equipo. Sólo había un problema: encontrar un club con aspiraciones y con talla mundial. En cuanto asomó el Inter, Forlán supo que su ciclo en el club había acabado. AS fue informando con detalle de los movimientos de la salida del uruguayo.
Se marcha un jugador irrepetible, el único Bota de Oro de nuestra historia. Y cuyos goles recordaremos toda la vida. A mí nunca se me olvidará el que hizo en Anfield, en la prórroga ante el Liverpool, en el cumpleaños más feliz de mi vida. O los de la final ante el Fulham, ante el delirio de los 15.000 seguidores que fueron a Hamburgo y los dos millones de hinchas que ese día se sintieron por encima del bien y del mal. Ese día Forlán y los suyos se hicieron inmortales. Siempre estarán en nuestra memoria, en nuestros corazones. Forlán es de esos jugadores de cuya grandeza nos daremos cuenta cuando pasen los años. Futbolistas como él o como Kun no se tienen todos los años. Y la afición rojiblanca ha podido disfrutar de su juego y de sus goles. Cacha, fue un placer.



