Unos viajes para tener marcados
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Uno se imagina a los futbolistas enganchados a la tele en los sorteos. Ayer estaba con un internacional tomando un café en un día soleado en Manchester y hasta se le pasó que su equipo estaba en el bombo por primera vez en la historia: acabó en el grupo de la muerte (o casi). Calculó quién quitaría puntos a quién y ese ejercicio se producía también en la mesa de al lado. Unos aficionados planeaban sus viajes a Nápoles o Villarreal, y otros a Lisboa y quizá a Galati. En otra esquina, un hincha del Liverpool recordaba anécdotas de sus viajes donde casi todo vale y lo que se hace en ellos (especialmente lo ilegal o adúltero) no sale del círculo de amigos. Nos detalló la carta de un alcalde alemán que les felicitó por su comportamiento antes y después de un partido europeo. Al final de la misma, se preguntaba intrigado: "¿Podría alguien decirme cómo acabó una vaca en la planta 14 de un hotel de la ciudad?".
Mientras charlábamos alguien preguntó por el Madrid: le toca ir a Zagreb, Lyon y Amsterdam. El sitio perfecto para liar una buena, soltaron muchos. Los españoles no viajan tanto como ustedes, se les dijo. Igual es que no tenemos la necesidad de descongestionarnos pero, aunque con excepciones, nuestra cultura se pierde el placer de intercambiar bufandas y almacenar experiencias por no tener los viajes de Champions marcados en rojo en el calendario.




