Unos Mundiales sin vergüenza
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La fotografía que publicamos en la página 35 da grima. Corresponde al habitáculo donde se van a realizar los controles antidopaje de los Mundiales de atletismo en el estadio de Daegu (Corea). Uno se imagina al atleta abriendo la puerta y recorriendo los cuatro metros de la estancia, donde al final aguarda el retrete, flanqueado por dos espejos para que el juez no se pierda detalle de la micción. Los vergonzosos, mejor que no vayan a los Mundiales. Pues es como para negarse a pasar el control en tales condiciones, porque el acto, por muy natural que sea, no deja de tener mucho de intimidad. Pero se han hecho tantas trampas que todas las medidas que se adopten son pocas para garantizar que la orina depositada pertenezca al propio atleta.
Fueron precisamente dos atletas los que en los Juegos Olímpicos de Atenas 04 utilizaron un pene de plástico, una cánula, un esparadrapo y una ampolla de orina limpia para burlar los controles. El juego completo se vende por internet, y el pene se puede adquirir hasta en cinco tonalidades diferentes para no desentonar con la piel del usuario. Por culpa de estos engaños, hemos llegado a controles como los que se van a hacer en Daegu. Pero algún sistema ha de haber para no llegar a tales extremos. Además, los espejos tampoco aseguran que no se pueda hacer trampas, que se habla de inyecciones directas a la vejiga del atleta con orina limpia o enzimas que descomponen las proteínas de las sustancias dopantes. ¡Vaya panorama nos espera!




