Alero tipo Jackson o Brabender

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Seamos realistas y apliquemos el sentido de la justicia. Este verano no es uno más de esa tortuosa decadencia que el madridismo de la canasta ha sufrido en los últimos años. La sola posibilidad de ver a Rudy Fernández unos meses defendiendo la camiseta más laureada de la historia (¡gracias al señor Ferrándiz!) ha elevado la moral de la tropa hasta límites inimaginables. El cambio de la Caja Mágica al Palacio de los Deportes de Goya también ha ayudado a iluminar las pupilas de una afición tan entendida como necesitada de cariño y gestos como ése. Rudy es un galáctico de la canasta. Él solito te lleva 2.000 o 3.000 personas más a la cancha. Espectáculo, imaginación, improvisación, mates made in NBA, complicidad con la grada... La alegría de la huerta, señores.
Pero hay motivos para venirse arriba más allá del excitante efecto Rudy. La contratación de Jaycee Carroll nos retrotrae a aquellos maravillosos años en los que Wayne Brabender, primero, y Brian Jackson, después, personificaban a la perfección el papel de alero americano blanco, rubio (aunque éste es un poco más taponcete, eso sí), anotadores de seda, jugadores de equipo, religiosos fuera de la cancha, sensatos en su vida privada y entendedores de lo que significa el escudo del Real Madrid. Carroll lleva dos años siendo el máximo anotador de la Liga ACB. Eso no es una estadística hinchada de la Liga de Desarrollo de EE UU (por ahí nos colaron a un tal Almond). Carroll es caviar y da el perfil. Rudy, Carroll, Carlos Suárez, Llull... ¡Vaya perímetro!



