La Vuelta, mejor en agosto
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Uno de los grandes éxitos del Tour es que cuando se celebra en julio apenas tiene competencia. Tour es sinónimo de verano, de jornada intensiva con las tardes libres, de vacaciones, de siesta... El resultado son cunetas llenas de gente y altas audiencias en televisión. A la Vuelta hace años que la mandaron a septiembre, y ahí no acabó de encajar. Pero de un tiempo a esta parte se va metiendo cada vez más en agosto, y funciona. Si la Vuelta desbordó el año pasado Sevilla con su etapa nocturna, ayer se pudo llenar un Bernabéu con parte de los 300.000 veraneantes que llenan Benidorm cada mes de agosto. El ciclismo tiene mayor sentido si el público sale a las calles, y la Vuelta lo está sabiendo sacar, con atractivos tan originales como salir desde la playa.
Hace más calor en agosto, sí, pero los ciclistas lo aceptan. Hay menos tiempo de recuperación entre el Tour y la Vuelta, sí, pero a la hora de la verdad quien disputa el Tour no corre la Vuelta. Esto es una pena, pero la Vuelta va consiguiendo su propia personalidad con un ramillete de grandes corredores que tienen esta carrera como máximo objetivo. Este mismo año se presenta una carrera con una competitividad explosiva, mucho mayor que la del Tour. En el Tour estaban Evans, Schleck y Contador; en la Vuelta hay ahora mismo una decena de corredores que han salido a ganarla. Mucha gente que sale a verlos no sabe cómo se llaman, pero tampoco les importa. Lo que quiere es ver la Vuelta, y agosto es el mejor mes para ello. Por eso es un acierto adelantarla.




