La suerte de compartir era con Leo

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Entre las historietas con las que martirizaré a los desdichados que dentro de un tiempo compartan la casa de reposo conmigo, destacará la de que yo vi en vivo a Messi hacer cosas inimaginables. Probablemente, nadie me creerá. O todos dirán que estuvieron ahí. Y seguramente, no mentirán. Pero yo sé que sí que estuve. Esto me sirve para recordar que mañana recorte este artículo y lo guarde en la cartera para demostrarles a mis futuros compañeros de asilo (siempre que no miren las enfermeras que me atiborrarán a pastillas y que no me dejarán ni fumar ni beber) que sí, que esto pasó. Que yo estaba en la tribuna el día que debutó inaugurando el estadio Do Dragao en Oporto. Que ese día, ante Carvalho, en diez minutos casi marca dos goles sobre un patatal. Que le vi hacer un hat-trick al Madrid de Ronaldo cuando tenía 19 años. Que le vi marcar cuatro goles al Arsenal en un partido de Champions. Que comandó el 2-6 en el Bernabéu. Que no me lo creí cuando se regateó a todo el Getafe en la Copa copiando el legendario gol de Maradona plano a plano. Que marcó en las dos finales de Champions que jugó ante el United. Y que le ganó al Madrid de un señor llamado Mourinho una Supercopa con un gol en el 88' después de haberse entrenado tres ratos.
Con todo esto torturaré una y otra vez al incauto que se me siente al lado. Pero creo que voy a tener que empezar a ampliar la memoria. Tiene 24 años y le quedan tantas cosas por hacer que ya compadezco a mis camaradas de vejez.



