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Mourinho quiere ser el malo

Mourinho quiere ser el malo

Cuando Marcelo decidió embestir a Cesc aún quedaban cuatro o cinco minutos de partido. El Real Madrid necesitaba un gol, no para empatar sino para ganar la Supercopa. Era casi un imposible, lo que pudo ser y no fue jamás lo sabremos porque Marcelo decidió por su cuenta que el partido había terminado. Esto es lo que le debían haber recriminado sus compañeros y el entrenador. Lejos de hacerlo, Mourinho alentó a las tropas y el resultado fue un espectáculo bochornoso que empañó el buen partido del Madrid. Aún así, insuficiente para ganar o siquiera empatarle al Barça. Entonces se formó el rifirrafe que decimos en fútbol, donde Mourinho se atribuyó el papel protagonista. La realización de TVE ofreció dos tomas diferentes. En la primera, Mou, al más puro estilo del cobardica de la clase, atacó por detrás a Tito Vilanova metiéndole un dedo en el ojo. Después remató la faena fingiendo no conocerle en la sala de prensa y acabó llamándole Pito en un derroche de facultades de imaginación y poca gracia.

Una segunda toma con una cámara diferente muestra a Vilanova respondiendo con una colleja a Mourinho en medio del alboroto general. Todo muy edificante. La entrega del título a Xavi sin un jugador del Madrid sobre el césped fue el remate definitivo. Además del encontronazo o agresión entre Villa y Özil. Llegados a este nivel de fútbol va en el sueldo que los profesionales sepan perder o ganar. No fue el caso. Mourinho no sabe perder, se le nota tanto que, a tono con la visita de estos días, en el pecado lleva la penitencia.