Baloncesto en la ciudad sin basket

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Caminar un 15 de agosto por Guadalajara es lo más parecido a hacerlo por el desierto. Los pueblos de alrededor bullen en fiestas, la mitad del personal prepara la excursión al encierro de Brihuega y la otra campa por la playa. Y hete aquí que llega España, un equipo de playoff NBA, y los aficionados a la canasta salen de su madriguera para vibrar en el polideportivo de Aguas Vivas. Baloncesto en la ciudad sin baloncesto, en la que ahora sólo mira al Deportivo que ha logrado un histórico ascenso a Segunda. Lo digo porque hace pocas fechas se anunció la desaparición del Club Baloncesto Guadalajara por una deuda de 100.000 euros tras 39 años de historia y de lograr en 1993 un ascenso, luego no consumado por falta de dinero, a la ACB. Una pena, porque la Alcarria siempre ha sido muy de basket.
Sería bonito recuperar la plaza para la causa (hay gente tras ello), porque en Guadalajara se ha visto mucho caviar y ayer quedó un regusto nostálgico en el paladar. La muñeca de Navarro es tan rápida como la de ese Drazen Petrovic que visitó varias veces el Pabellón San José y Pau Gasol manda tanto en la zona como ese Sabonis que también se preparó por aquí. Por cierto, el mítico Tachenko (2,21) jugó en el Guada una temporada. Y en el equipo se formó buena parte de la cantera del Madrid (cuando daba jugadores) como Isma Santos o Ricardo Peral y también del Estu. Ha sido base tradicional de los cachorros/as de la Selección y sobre todo Ricky, del que hemos disfrutado varios veranos, sabe bien lo que es chuparse concentraciones en Guadalajara. Esta ciudad que aún respira baloncesto.



