Yo digo Juan Mora

El Sella, fiesta y espectáculo

Juan Mora
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Asturias vive cada año por estas fechas una fiesta. Es la fiesta de las piragüas, a quienes los lugareños se resisten a llamar espectáculo. Mas el Descenso del Sella tiene tanto de fiesta como de espectáculo. Fiesta, porque son 300.000 personas las que la viven; espectáculo, porque lo es el sólo hecho de reunirse tal gentío en torno a casi un millar de piragüas que descienden los veinte kilómetros de río que van desde Arriondas a Ribadesella. Además, y siendo sinceros, si ayer hubo 300.000 personas en el Sella, como es costumbre en las últimas décadas, a 250.000 les importó un pepino quién ganó, con todos los respetos a los ganadores y competidores, deportistas algunos de ellos tan buenísimos que los hay hasta multicampeones del mundo.

La victoria interesa a unos pocos; el espectáculo, a muchos; la fiesta, a cientos de miles. Mas del acontecimiento posiblemente quizá sepan millones. Porque la grandeza del Sella está en que se ha convertido en una tradición, al estilo de las más clásicas competiciones británicas. ¿Qué hace grande a la Oxford-Cambridge si no es su permanencia en el tiempo? La del Sella fue una de las primeras competiciones españolas que se hizo internacional (1951) y luego creció hasta que las piragüas no cupieron materialmente en el río. ¿Para ganar? En absoluto. Simplemente para mantener vivo el Descenso, para hacer de él una fiesta. Fiesta ya inmortal. Como quien fuera su presidente, Emilio Llamedo. Falleció hace una semana, y el Descenso le debe todo.

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