Yo digo Pedro P. San Martín

La casta no está reñida con el toque

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Anoche nos quedamos afónicos gritando los goles de España. En la redacción de AS se vivió la final de la Sub-19 con pasión, como la vivió todo aficionado que ame el fútbol. Es posible que ahora más que nunca sintamos el orgullo del escudo y de la Roja, inclinando hacia este lado el debate de si en este país somos más aficionados de club que de la Selección. No tengo pruebas ni estudios de campo, pero desde la Eurocopa de Austria el sentimiento patrio en esto del fútbol lo llevamos muy dentro. Tanto como para saltar de la silla, emocionarnos, injuriar y vibrar con lo que hicieron ayer los chavales de Ginés Meléndez. Un técnico de largo recorrido en el cultivo de la cantera nacional, que ayer reaccionó muy bien con los cambios y es justo darle su mérito y medalla.

Los futuros cracks de nuestro fútbol nos regalan otra alegría inmensa, en un ejercicio soberbio de entrega hasta la extenuación y gusto por el buen fútbol. Derrocharon fe, tanta como calidad. Nunca se rindieron, haciendo honor a la casta que siempre distinguió a España. Porque el genio, la rabia y el pundonor no están reñidos con el tiqui-taca ni con hacer las cosas bonitas. La Sub-19 mezcló muy bien los dos conceptos ante Chequia a partir de recibir el primer gol. El camino para la victoria estaba en creer en ellos mismos. Eran superiores con el balón, pero los checos saltaron con el mismo talante que nuestro Rafa Nadal: mordían en la pista. Afortunadamente, toda España empujó desde sus casas y los chavales respondieron al mensaje. ¡Enhorabuena!

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