Contador vendió cara la derrota
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Correr una gran vuelta es un arte. Y más todavía el Tour, porque todos los focos están puestos en él. Digo que es un arte, porque administrar las fuerzas es cuestión de sensaciones. El ciclista no puede parar a repostar durante la etapa; tampoco tiene un medidor de las energías que le van quedando. Cada día menos, porque el descanso y la alimentación no le dan para compensar el desgaste. ¿A quién no le gustaría atacar desde la salida? Pero a mayor velocidad y mayor esfuerzo, mayor consumo de energía. Atacar se puede atacar, pero llega un momento en el que hay que parar; es cuando uno nota que se le enciende la reserva. A Contador se le ha encendido varias veces en este Tour; a Schleck, también ayer después del esfuerzo del día anterior.
Contador necesitaba una gesta y la intentó; al final reservó lo que le quedaba para ir a por la etapa y ni siquiera tuvo para ganarla. Schleck igualmente necesitaba rematar la faena del Galibier sacando algo de tiempo a Evans para cubrirse ante la crono de hoy, y tampoco pudo. Han dado cuanto tenían. Como Voeckler, como Samuel Sánchez, Frank Schleck, Cunego y Basso, que siempre han estado por ahí pero sin disputar la victoria del Tour. A nadie le ha sobrado nada. Contador habrá perdido, pero ganarle ha reventado incluso al propio pelotón. Ayer, 84 ciclistas llegaron fuera de control; el día anterior habían sido 89. Aplica el Tour el reglamento y la derrota de Contador pasa a la historia como la que más cadáveres dejó por el camino.




