El tema es la Liga, no el nombre
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Once millones de seguidores, de los que cinco lo siguen a diario, segundo deporte en España, altas audiencias en televisión, canchas llenas... Juro que tales cosas escuché en la firma del contrato de patrocinio entre la ACB y Endesa. ¿Que ese es el potencial del baloncesto? Por supuesto. Ahí están las cifras cuando juega la Selección, que son vergüenza para los clubes. Sus dirigentes, con una desastrosa gestión, acabaron por echar al aficionado y sumieron a los clubes en una crisis que ya veremos cómo acaba. Endesa no es la solución. Endesa pone buena voluntad y algo de dinero. Menos de lo que cuesta uno solo de los futbolistas que protagonizan el mercado de verano. Y eso repartido en seis años... si se cumplen unas condiciones que ya veremos.
Nueva imagen, nuevo nombre, todo muy bonito, pero ¿y la competición? Hemos adornado la mesa, pero seguimos sirviendo la misma comida. Una comida que al aficionado no le gusta. Le gusta al entendido, que los hay, pero tan pocos que no dan para pagar la fiesta. Los entendidos e incondicionales del baloncesto ACB se miden en las audiencias de televisión. Primero fueron casi un millón, luego medio y ahora se han quedado en 300.000. Si los clubes se quieren seguir haciendo trampas en el solitario con las cifras, se están engañando. Porque la Liga se vaya a llamar Endesa en vez de ACB, seguirá siendo la misma Liga ACB de siempre: siete meses en los que las victorias o derrotas no tendrán la menor incidencia para el título. Ese es el problema.




