Mejor la Caja cómoda que mágica
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La Caja Mágica vuelve a quedar en evidencia. El Madrid ya amagó con marcharse en plena temporada de baloncesto, y ahora plantea una serie de necesidades. Una es sustituir los palcos por asientos, pero ojalá el problema fuera sólo ese, porque una instalación deportiva lo que tiene que ser es cómoda, no mágica. El Madrid la sufre, o mejor dicho, sus aficionados, y cuanto plantea lo tenía que haber solucionado el ayuntamiento, propietario de la Caja, desde el primer día. La Caja nació como buque insignia de la candidatura olímpica para las competiciones de tenis, y también para atender las exigencias de Tiriac, quien amenazó con llevarse el Masters de tenis a otra ciudad si el torneo no se hacía mixto, lo que obligaba a un mayor número de pistas.
Se hizo la Caja, costó 150 millones y el iluminado que diseñó las gradas -el proyecto era de Dominique Perrault, considerado un genio- lo hizo en forma rectangular, sin ovalar las esquinas, lo cual obliga a los espectadores que ocupan esos asientos a una torsión de cuello que garantiza la tortícolis. Luego está el problema que plantean los dos únicos accesos, uno al este y otro al oeste, tan distantes el uno del otro que obligan a un rodeo de kilómetro y medio en caso de equivocación. Y el atasco que se forma a la entrada y salida de cada uno es monumental. El ayuntamiento no se da por aludido ante estas cuestiones, y el Madrid se las hace saber. Haría bien en poner soluciones para no quedar como unos chapuzas en la futura candidatura olímpica.




