Odriozola y la ACB se retratan
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Odriozola y la ACB salieron ayer al paso de la hoja de ruta marcada por Albert Soler, secretario de Estado para el Deporte, a los 90 días de su nombramiento. No es casualidad que lo hicieran. Se encuentran en el ojo del huracán. Odriozola, porque sus decisiones no apoyan precisamente la política de tolerancia cero en el dopaje; la ACB, por su distanciamiento con el jugador español, que ha provocado el desapego del aficionado hacia las competiciones de clubes. Y como es así, porque Soler es un político de a pie y tiene claro hacia dónde hay que ir, dice lo que dice. Aunque no guste. Sáez, que es más listo y tenía mayores motivos para sentirse aludido por el caso Ibaka, respetó la política sobre nacionalizaciones anunciada por Soler.
Odriozola y la ACB, también, pero no se callaron. La ACB lamentó las "desafortunadas manifestaciones" de Soler, cuyo pecado es garantizar la protección del jugador español, mientras Odriozola, en su línea de indulgencia con los implicados en casos de dopaje, se mostró sorprendido de que se les vaya a impedir competir en las Selecciones, en base a que "no se permiten las injerencias gubernamentales en las decisiones técnicas de las federaciones". Pues también habría que hablar de injerencia cuando se le construye con dinero público un estadio de 150 millones en Sevilla, o cuando se le subvencionan unos Mundiales de cross que no quiere ningún país o los próximos fastos de la Federación Internacional para su gloria personal.




