Toros, deporte y espectáculo
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El reportaje sobre los toros publicado en Sports Illustrated -revista deportiva con 23 millones de lectores- y recogido ayer en la versión impresa y digital de AS, ha levantado la polémica. Era de esperar. Con su publicación, el debate está servido, más allá de los defensores y detractores de la tauromaquia: ¿qué tienen que ver los toros con el deporte? Mucho y nada. Deporte no son, pero algún paralelismo hay. Por lo pronto son un espectáculo, igual que lo son los deportes profesionales, únicos que hoy en día tienen garantizado su futuro con el suficiente número de espectadores para garantizar su rentabilidad y, sobre todo, con cadenas de televisión dispuestas a pagar elevadas cantidades por los derechos de transmisión.
En cuanto a la definición de deporte, la primera premisa es la de que ha de haber ejercicio físico. Pues la lidia exige un gran esfuerzo físico. La preparación de los toreros es desconocida. Y si me ponen el ejemplo de Curro Romero toreando con 65 años, les diré que ya hay que conservar unas facultades extraordinarias para matar un toro con esa edad y salir indemne; al respecto recuerden cuando Ponce jugó con el Madrid y José Tomás con el Atlético y corrieron como el que más; y los partidos toreros contra artistas en Navidad donde los primeros exhibían unas condiciones tremendas. Dicho esto, los toros no son un deporte ni tienen que ser considerados como tal, pero que están mucho más cerca que otras actividades llamadas deporte, sin duda.




