Cambio de régimen: su desarrollo
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Si de ciclos históricos hablamos, no hay duda de que tras la caída de un régimen autoritario, totalitario, dictatorial (elegir a gusto del consumidor), personalista, monocorde y fuertemente centralizado (¿les suena...?) suele llegar, de ordinario, un periodo lleno de facciones (o fracciones) con tendencias fuertemente centrífugas. Lo que antes era personalista, centralizado, monocorde y monolítico, se convierte en lucha de grupúsculos, camarillas o reyezuelos de taifas en busca del poder que se disemina. Ocurrió en Francia con la Revolución y la lucha entre girondinos, jacobinos, montañeses, etc. Ocurrió en Rusia, al caer el zar, con Lenin, Stalin, Trotsky y compañía. Pasó en Irak, tras abatir a Saddam. Puede pasar ya mismo en Libia. Un problema para las potencias coloniales es lograr un gobierno títere medio aparente como relevo de los tiranos derrocados.
Con sus peculiaridades propias (aquí no hay guillotina ni fusilamientos en Ekaterimburgo, sino juzgados y asambleas), lo que está pasando en el Betis se ajusta con exactitud a esta sintomatología de los cambios de régimen. En el actual proceso populista, con esos pequeños ajustes de cuentas entre facciones-fracciones (Robespierre-Danton, Fouché-Robespierre), el Betis subsiste como Robespierre en la Convención, aguantando como puede ante los enemigos exteriores, esgrimiendo la Ley Concursal y con el zar bloqueado judicialmente. Tocaría otra vuelta de tuerca y la llegada de un Napoleón Bonaparte. Se verá.




