La mano firme de Albert Soler
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Bezabeh ha sido sancionado por el Comité Español de Disciplina Deportiva. Lo ha sido, porque en su día la Federación Española de Atletismo le absolvió, pese a que los cargos eran demoledores. Fue detenido cuando iba a inyectarse, como él mismo confesó, una bolsa de sangre enriquecida en vísperas de competir en el Europeo de cross. Pero el comité de competición de la Federación, pese a disponer de este testimonio, optó porque prevaleciera el descargo que hizo el propio atleta: "Es que no sabía que eso era dopaje". Odriozola, que no se chupa precisamente el dedo, dio por buena la decisión de su comité y se calló. Mas tuvo la mala suerte de que Albert Soler tomara las riendas del Consejo Superior de Deportes y, como tampoco se chupa el dedo, recurrió.
La rápida intervención de Soler nos ha evitado una vergüenza como la de Muehlegg. Porque en cuanto Bezabeh se vio nacionalizado y cobrando la beca ADO, regresó a Etiopía, donde el dinero le daba para vivir mejor que aquí y mantener a toda su familia. Tal es así que Odriozola le mandaba los billetes para las competiciones directamente a Etiopía para que viajara desde allí sin pasar por España, salvo para doparse por lo visto. Su caso se había convertido en uno más de compra de medallas. Soler también quiere acabar con esto. Se acaba de nacionalizar un atleta más, pero el trámite se inició y aprobó con la firma de Lissavetzky. Ahora Odriozola y el baloncesto lo van a tener más difícil para nacionalizar atletas y jugadores. El grifo se ha cerrado. De momento.




