Con el mal recuerdo de Portugal
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Vicente del Bosque intenta transmitir tranquilidad en el gigantesco hotel de Providence donde los internacionales españoles apuran los últimos días de la temporada. Un poco de calma después de la tormenta de Clásicos, que tiene en la Selección su principal daño colateral. Así de malas son las guerras. Piensa el seleccionador que el tiempo es su mejor aliado para que las costras caigan por si solas. También Xabi Alonso comentó que el asunto es más periodístico que real, con el fin de zanjar un conflicto sobre el que los jugadores no quieren hablar más. Se nota que estamos en el final de la temporada. Un compañero le dijo en privado a un veterano de la Selección que las ruedas de prensa estaban siendo muy ligeras, a lo que el jugador contestó "también se nota que es el final para vosotros y que llegáis con el combustible justo".
En este panorama, Del Bosque tiene por delante la difícil misión de no repetir errores. Como él dice "si perdemos, y perdemos mal, nos van a zurrar", y es justo lo que quiere evitar. Hay un mal recuerdo de amistosos recientes. De esos partidos que se presentan como una fiesta y que acaban siendo un funeral si el marcador no responde. Y fue especialmente doloroso el de Portugal. Estados Unidos llega a tope porque ha preparado su participación en la Copa de Oro. Habrá 60.000 espectadores en el Foxboro, la mayoría hispanos, pendientes de los campeones del mundo. Que han de serlo todo el rato. Con heridas o sin ellas.




