Contador regala con descaro
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Lo de regalar etapas en el ciclismo no es de ahora. Viene de lejos, aunque el ejemplo más visual es relativamente reciente, de los tiempos de Indurain. Le vimos ganar cinco Tours, pero en esos cinco no le vimos ganar ninguna etapa en línea, sólo las contrarreloj. En la montaña era capaz de subir como el mejor, mas al final dejaba pasar al compañero de escapada si se daba el caso. Con las diferencias que sacaba en las cronos le era suficiente para llevarse el premio gordo. Tampoco aspiraba a más. En el Tour, Indurain ganó dos etapas en línea, las pirenaicas de Cauterets y Luz Ardiden, pero cuando aún no disputaba la general, porque su misión era ayudar a Perico. Ya no volvió a ganar más. Cambió las etapas por la general.
Contador ahora está haciendo lo que Indurain: regalando etapas. Pero lo hace de manera ostentosa, lo cual queda feo. Indurain disimulaba. Contador no es que sea Indurain, entre otras cosas porque sí gana etapas en línea, pero después de regalar una etapa histórica como la del Tourmalet a Schleck y tras ayudar con descaro a ganar ayer a Tiralongo, comienza a levantar polémicas. Para eso prefiero lo de Merckx. Eso sí que era espectáculo. No sólo ganaba las grandes vueltas, sino también cuanto podía. En sus once vueltas acumuló 52 victorias de etapa, más siete veces la combinada, cinco la regularidad, tres la montaña, una las metas volantes y lo raro es que sólo una la combatividad. Ahí le engañaron, pero algo tenían que ganar los demás.




