Un Eurobasket sin fronteras
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Celebrar un Eurobasket hasta en seis países distintos parece una barbaridad. Una barbaridad, porque rompe las normas, pero nada más. Cierto que se trata de una idea revolucionaria, pero eso no significa que sea mala. Todo lo contrario. Y menos viniendo de José Luis Sáez, que ha demostrado ser un brillante presidente de Federación; no sólo por los éxitos deportivos, sino por su forma de gestionar el baloncesto. Ahora su última idea es organizar el Eurobasket de 2015 bajo unas condiciones inéditas: cada uno de los cuatro grupos que habrá en la primera fase se jugaría en un país diferente, aquel que mayor interés mostrase en llevárselo. Sería una manera de rentabilizar los costes del campeonato, cuestión nada baladí.
Pongo un ejemplo. En el Eurobasket 2007 no hubo manera de llenar las 5.400 plazas de Alicante, las 6.000 de Palma y las 7.500 de Granada. Pues si Italia, Francia, Eslovenia y Polonia hubieran jugado en Roma, París, Liubliana o Varsovia en vez de en Alicante, si Alemania, Turquía, Lituania y la República Checa lo hubieran hecho en Berlín, Estambul, Vilna o Praga en lugar de en Palma, y si Grecia, Serbia, Rusia e Israel hubiesen cambiado Granada por Atenas, Belgrado, Moscú o Tel Aviv, mayores taquillas y atención habría habido en determinados países. Europa, al fin y al cabo, no tiene mayores distancias que Estados Unidos. Si allí el baloncesto no tiene fronteras ¿por qué ponérselas aquí, siempre que haya países interesados en que no las haya?




