No fue la mejor de las despedidas

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Lotina dijo ayer adiós al Deportivo después de cuatro temporadas. En ellas ha habido de todo, hasta muy buenos momentos, pero casi todo se olvida y se ensombrece después del cruel descenso. La papeleta no era fácil, lo entiendo, pero el de Meñaka no tuvo la mejor de sus mañanas. Y no me refiero tanto a sus declaraciones, hablo del entrenamiento. Era un lunes duro, la primera sesión en la historia en Segunda en Abegondo, y Lotina dejó la sesión en las manos de Ribera y Edu Domínguez, sus ayudantes. Ellos y la plantilla saltaron al césped en lo que más que un día de trabajo fue una despedida, y se echó de menos la que hasta ayer era cabeza de puente. Poco antes en la sala de prensa el técnico había dicho, acertadamente, que "no desciende Lotina, desciende el Depor". Pues eso, todos a una.
Ya en las meras declaraciones también se echó de menos algo más de autocrítica. Coincido con Lotina en que algunos focos lo han iluminado este año como el único sospechoso en el interrogatorio, cuando ha sido un asesinato de culpables múltiples. También en los resultados extraños y arbitrajes nefastos, pero ayer no era el día de eso. Sé lo que le duele a Lotina este descenso, y no lo digo por él, sino por el Depor, su plantilla y la afición. Sé lo callado que ha estado estos años cuando la casa que le construían no tenía nada que ver con el plano de la obra. Quizás calló demasiado, pero ayer era un día para despedirse con el corazón, tanto en los micrófonos como en el césped.



