De nuestras jugadoras a muerte
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Si hay que ser de una Selección a muerte, es de la femenina de baloncesto, que se nos va al Europeo. Gane o pierda. Los deportistas se quejan de que sólo somos de ellos cuando ganan, y tienen razón. Pero a veces tienen actuaciones decepcionantes que provocan desencanto, no por la derrota sino por la forma en que se produce. No es el caso de la Selección femenina de baloncesto. Me confieso incondicional de sus jugadoras sin haber sido campeonas de nada. Es decir, al final han acabado perdiendo. Ni son las más altas ni las mejores. Pero el orgullo y la casta convierten a estas jugadoras en excepcionales. De esta manera presentan un balance admirable en lo que va de década: una plata y cuatro bronces europeos, y un bronce mundialista.
Pero, como digo, no es el botín por lo que hay que ser de ellas. Es por la forma de jugar. Sus partidos no pasan desapercibidos. Hubo uno contra Rusia tremendo y el último ante Francia, en los cuartos de final del Mundial 2010, debería ser puesto de ejemplo cada vez que nuestras selecciones fueran a jugar. Francia nos dominaba de cabo a rabo, ganaba 52-43 en el tercer cuarto, entonces Amaya Valdemoro y Anna Montañana tocaron a rebato y eso fue el 2 de mayo. Llega el seleccionador a hacer rotaciones y se lo comen. A falta de 35 segundos aún perdíamos por seis, pero a las francesas les entró el tembleque y Valdemoro solita metió siete puntos, forzó la prórroga y eso ya fue un paseo. Así se las gastan. ¡Cómo no ser de ellas si dan cuanto tienen y más!




