Yo digo Alejandro Delmás

Teoría y práctica del 'Caso Mel'

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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No debería ser aceptable que la gente se enfadara por describirle (un suponer) la ropa que lleva puesta o el sitio donde deja aparcado el coche. Pero esto va ocurriendo cada día más en este país, en esta ciudad (algún día tocará citar ciertas palabras de Cervantes sobre Sevilla) y, en los últimos tiempos, en el Real Betis Balompié y su entorno. Vamos a ver: si una sucesión de hechos más o menos demoledores e incluso lógicos hasta cierto punto, abren una brecha de sintonía entre José Mel Pérez y su equipo de colaboradores... y la actual dirección gestora del Betis, con todo su equipo (...) de colaboradores, ¿qué de malo hay en apuntar lo evidente, lo que, además, se corrobora con hechos y dichos constantes de una y otra parte? Pues parece que no debe hacerse. Usualmente, los grandes gobernantes de todas las épocas se han rodeado de gente adicta. Los no adictos sobran: sobramos

Esto ha sido así desde Calígula hasta Lenin, pasando por Felipe II, Mao, Robespierre, Isabel I de Inglaterra, Romanones, José Antonio Bosch Valero, Manuel Ruiz de Lopera y otros ilustres gobernantes para cuyos nombres nos falta espacio. León Trotsky fue un cerebro y un político imponente en la Rusia soviética; si Stalin decidió eliminar a Trotsky (Ramón Mercader...) no fue por su falta de brillantez, sino porque, inapelablemente, no pertenecía al apparatchik del Padrecito: no hubo remedio. A Hitler le repugnaba el gran Erwin Rommel, cuyo suicidio ordenó. Y, ¿qué puede hacer Mel? Pues miren: nada.

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