La delgada línea del éxito

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Seguramente sea injusto el pesimismo del momento, pero esto es fútbol. Y, del mismo modo que en cualquier otro escenario resultaría imposible que un pequeño empresario desbancase a una multinacional, aquí nadie se había quejado por que el Espanyol pudiera tutear hasta anteayer a Sevilla y Atlético. La rabia con la que el perico se levantó tras el golpe de Zaragoza obedece a varias causas. Primero, por cómo se perdió, con esa tenebrosa indolencia. Segundo, por la oportunidad histórica perdida: pocas veces más se podrá ir a Europa con 55 puntos, los que le hubiesen bastado al Espanyol. Y tercero, por el miedo a afrontar un futuro incierto. Al perico le aterra, por ejemplo, pensar que Osvaldo no estará el año próximo... El verano será movidito en ese sentido.
Esta temporada, la línea entre el éxito y la nada (en absoluto es un fracaso) ha sido tan delgada que seguramente la marca un partido. Cambiar cualquiera de las derrotas por una victoria más. Pero, al margen de las lesiones, la línea también la marcaron las ventas de Víctor Ruiz y Dídac, un aviso de que conviene no enloquecer en el próximo mercado. Más allá del líquido que se debe ingresar con urgencia, el club debería tener como referencia la segunda vuelta, en la que jugadores sin apenas experiencia se han visto obligados a llevar el peso. No ir a Europa no significa no tener que reforzar a conciencia la plantilla, porque eso desembocaría en una lucha mucho más oscura y peligrosa el curso próximo. Porque, aun sin parecerlo, se cumplirán cinco temporadas sin ir a la UEFA.



